
Me ha venido a la cabeza todo el revuelo que se montó hace un tiempo con aquellas recomendaciones de la OMS acerca del consumo de carne roja y los comentarios a favor y en contra en redes sociales. Como en todas las ocasiones, salen los energúmenos intolerantes de siempre: o eres vegetariano o eres carnívoro, y si no eres de los míos, eres poco menos que un degenerado subnormal que no entiende nada de la vida.

El patrón se repite.-

No confío en ningún informe de este tipo hecho en ninguna parte. Vivimos en una sociedad que combate la obesidad y el hambre por igual. Una sociedad que se rige por dinero. Y ahora, curiosamente, empiezan a llegar los fracasos de la carne sintética: empresas cerrando, productos que nadie quiere, inversiones millonarias que se evaporan.
¿Casualidad? No. Negocio fallido de las mismas élites que te dicen qué comer, qué pensar, qué crear.
Es el mismo patrón que expliqué en mi artículo sobre la IA: sustituyen lo real (carne de verdad, creatividad humana) por lo artificial (carne de laboratorio, IA censurada) y te lo venden como progreso. Te dicen que es por tu bien, por el planeta, por la salud. Pero detrás solo hay dinero y control.

La verdad incómoda.-
Cancerígena es la civilización de alimentos transgénicos y granjas de animales hacinados. Hay gallinas modificadas genéticamente para que tengan menos plumas y así caben más en el mismo espacio. Pero de eso no hablan los informes. De eso no hay recomendaciones urgentes.
¿Acaso hay algún informe oficial que recomiende consumir sin moderación y sin control algún alimento? No. Porque no se trata de salud. Se trata de dirigir tu comportamiento y obtener beneficios a cambio.
Somos unos idiotas a merced de las manipulaciones de los que controlan el planeta. Y ahora, con toda esta "globalización" en la que vivimos, todavía somos más manipulables y más idiotas.

La única verdad.-
Come lo que quieras y respeta que los demás también lo hagan. Nadie tiene una verdad absoluta sobre nada.
Ni sobre la carne que comes, ni sobre las herramientas que usas, ni sobre cómo vives tu vida. Lo que sí tienen es interés en que dejes de decidir por ti mismo.
La próxima vez que te digan qué comer, qué crear, o qué pensar, pregúntate: ¿quién gana con que yo obedezca?
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